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Desde el inodoro

El único lugar que siempre aceptará tu contribución

El 29 de Abril debió tener alguna especie de relevancia cósmica para mi alma, la cual SÓLO una criatura de insubstancialidad tan perceptible como la de un dios debe ser capaz de comprender… A pesar de haber estado yo en la cima del mundo al mismo tiempo que estaba parado en el fondo mismo del más profundo abismo, la voz fuera de mi cabeza mantenía my humanidad a flote. A quien haya pertenecido la voz, seguía recordándome sobre mí…

Imperfecto, enfermable, y tan falto de frutos…

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Cuando veo el papel de frente, me veo.  Soy blanco todo el tiempo, excepto cuando no me enfrento a él. Mezcla de nada con aquéllo que es latente.  Palpitaciones de arterias entrecruzadas, de ríos invisibles y flujos incontrolables.  Irreprimibles.  Veo en derredor del trozo blanco sin dejar de verlo y el fondo aparece como amorfo anverso del anochecer.  Iluminado por encimita como borrosa retrospectiva sin sentido.  Artística vuelta del ser que observa y que soy yo.  Trato de pensar en la nada del papel, pero no puedo dejar de escribir, pues cuando veo el papel de frente, me veo…Imagen

Hoy no concibo transformación alguna que refleje mi afán.  Sólo quiero destruir.  Hacer pequeñísimos fragmentos a partir del alma de algunas personas.  Antes de que crezcan.  Antes de que prosperen o se hundan.  Quisiera verlos deshechos y sin vísceras, inmersos en inmundos charcos de sus propias miserias.

Deseo que el mundo en derredor de ellos sea hermoso, saludable y generoso para que perezcan asqueados y rebosantes, para que nada los extrañe y no sean más que pequeños e infortunados detalles sin necesidad de mención o remembranza.  Después, deseo fenecer de igual manera y llegar a donde ellos.  Y acompañarlos…

Yo sí creo que estamos en medio de la usual revolución de cada siglo.  Sé que peco de simplista, pero sé que mi intuición generalmente resulta ser más acertada que acertivas mis razones.  En 1810 y 1910 las masas se levantaron para justificar su ansia de carnicería mediante el argumento emponzoñado de la búsqueda de dignidad.  Los “buenos”, los revolucionarios, saqueaban, mataban, violaban a discreción bajo lemas y motivos que no eran más que promesas irrealizables por hombres comunes.  Tanta furia contra los que más detentaban y ostentaban.  Tanta sed de fustigar y castigar a quienes antes así lo hacían contra uno.  Y después sólo confusión.  Traición.  Me impresiona cómo de los cuadros y pinturas de la guerra de independencia se puee observar que los campesinos vestían las mismas ropas que seguían vistiendo 100 años después.  Ésas están en fotos.  Se puede observar que nada cambió para ellos en un siglo.  Quizás cuatro.  Observen ahora y díganme si otros 100 años después, en el ahora, las condiciones son o no son parecidas.  Las diferencias de clases, de élites, de posesión, de categoría.  Falta de dignidad.  Por eso, a los jóvenes poco les importa matar con tal de estar por encima de los estándares.  Por eso siguen robando, matando, violando.  Son los revolucionarios de hoy, los confundidos, a quienes se les está tomando el pelo con promesas incumplibles.  ¿Quién es quién en esta guerra?  ¿Quién se sabe bueno?  ¿Quién es realmente inocente?

Revolución.  Nuevamente.  Mi carácter melancólico me hace soñarla sin realizarla.  No es mi turno, sin embargo estoy presto.  La tierra ruge en murmullos que a la nada sobrecogen.  Eterno rumor con palpitaciones rojas y ambarinas.

Lo que nadie sabe, lo que todos prefieren ignorar es que, en este país, las revoluciones son dirigidas por caudillos que comandan hordas de gente hambreada y dispuesta a todo.  Gente que comete crímenes en nombre de movimientos que pierden consistencia y fundamento.  Al final, los que ganan nombran heróicos a ambos bandos puesto que medio país desmotivado por la derrota no sirve para nada.

Tengo nuevos ojos y esto lo sé porque pienso.  Cada 100 años nuestro país está en guerra.  Guerra de lo establecido contra ejércitos de descontento y odio.  Criminales habituales contra criminales advenedizos.

Soy un perro.  Y busco estar en compañía.  Mi manada vino a mí.  Yo no los busqué porque aquí nací.  Ellos llegaron, me dieron amor.  Me llaman Solovino, pero la verdad es otra.  Así se llaman ellos.

Cuando fui pequeño ellos me defendieron de la gente mala que me golpeaba y hacía de mi hogar un lugar difícil para vivir.  Lloré mucho.  Todo me dolía.

Cuando ellos llegaron, sacaban a pasear a su perro largo y enano.  Marcelo.  Y yo jugaba con ellos.   En ese entonces, Marcelo era un cachorro como yo, aunque más seguro pues siempre había vivido con ellos.  Ahora él sigue siendo pequeñísimo y yo soy fuerte y tengo muchísima energía.

Cuando vieron mis cortadas y golpes, decidieron meterme en su casa.  Había mucha comida, pero no era el jardín enorme en el que siempre jugué.  Estaba confundido.  Azorado.  Contento y a la vez ansioso.  (continuará…)

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Violencia. Crueldad. A veces agradezco ser nadie, ser nada.  Busco la humildad, pero sólo encuentro tapujos.  Mi propio bozal.  Siento que dejé de perseguir sueños cuando preferí conseguir trabajo.  Pero ahora los sueños son demasiado peligrosos.  Sobre todo si se cumplen.  Tanto que perder, tanto que sentir.  Mejor la modestia.  Mejor la mejora interna.  La búsqueda de aquello que realmente nos hace inmunes, alegres.  Una revolución de paz.  Un movimiento para expresar sólo amor.  Sin sueños.  Sin trabas.  Sin empleos.  Sólo personas.  Sin comparaciones.  Sin envidias.  Compartiendo y valorando.  Meditando y glorificando.

Te invito porque estás.  Te conmino porque eres.  Asesinaremos la intransigencia juntos y nos haremos un nuevo estandarte que nos difunda, que nos desfogue, que nos trascienda.