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Desde el inodoro

El único lugar que siempre aceptará tu contribución

Mi amor duerme

entre edredones enarbolados

sobre sus sueños.

Incontables mermas del alma,

indecibles sátiras.

Restablecimientos de la memoria,

mordisqueos inefables.

¿Cómo contemplarla en la oscuridad?

¿Cómo distinguir el gallardo porte

de su garbo engalanando

las organzas y los encajes?

¡Mírame!  Pienso.

Con mis uñas afiladas,

mis cabellos corsos y caídos.

Soy un pirata,

un violador,

un engendro sin pudor.

Me desnudo y me acerco.

Entre sábanas me envuelvo.

Ya no miro con los ojos

sino con mis ojos rojos,

y mis manos,

vacías,

como enfermas,

cortan sueños,

cortan calmas,

y sólo reclaman

por su porción de belleza…

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