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Desde el inodoro

El único lugar que siempre aceptará tu contribución


A veces, mientras estoy sentado en el inodoro escribiendo o leyendo -definitivamente cagando- se me viene a la mente la nítida imagen de una cucaracha debajo del asiento que, habiendo esperado inconcientemente su momento, corre sin pensar hacia el hoyo de mi ano y se escabulle a empujones y empellones hasta dentro de mi recto.  Es una fotografía tan clara que, en ocasiones, me sorprendo a mí mismo levantando el asiento para cerciorarme de que no haya ningún invitado escurridizo sobre la vidriada cerámica del excusado.  Podría dar detalles de cómo mi visualización del suceso pasa generalmente  desde la perspectiva del cochino insecto, pero la verdad es que esto es todo lo que quería decir.  No hay más.  No hay fondo.  No hay mensaje.  Sólo el momento incómodo que nunca es completamente resuelto.

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