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Desde el inodoro

El único lugar que siempre aceptará tu contribución

Hoy no concibo transformación alguna que refleje mi afán.  Sólo quiero destruir.  Hacer pequeñísimos fragmentos a partir del alma de algunas personas.  Antes de que crezcan.  Antes de que prosperen o se hundan.  Quisiera verlos deshechos y sin vísceras, inmersos en inmundos charcos de sus propias miserias.

Deseo que el mundo en derredor de ellos sea hermoso, saludable y generoso para que perezcan asqueados y rebosantes, para que nada los extrañe y no sean más que pequeños e infortunados detalles sin necesidad de mención o remembranza.  Después, deseo fenecer de igual manera y llegar a donde ellos.  Y acompañarlos…

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