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Desde el inodoro

El único lugar que siempre aceptará tu contribución

Category Archives: las cosas como son

Hoy no concibo transformación alguna que refleje mi afán.  Sólo quiero destruir.  Hacer pequeñísimos fragmentos a partir del alma de algunas personas.  Antes de que crezcan.  Antes de que prosperen o se hundan.  Quisiera verlos deshechos y sin vísceras, inmersos en inmundos charcos de sus propias miserias.

Deseo que el mundo en derredor de ellos sea hermoso, saludable y generoso para que perezcan asqueados y rebosantes, para que nada los extrañe y no sean más que pequeños e infortunados detalles sin necesidad de mención o remembranza.  Después, deseo fenecer de igual manera y llegar a donde ellos.  Y acompañarlos…

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Yo sí creo que estamos en medio de la usual revolución de cada siglo.  Sé que peco de simplista, pero sé que mi intuición generalmente resulta ser más acertada que acertivas mis razones.  En 1810 y 1910 las masas se levantaron para justificar su ansia de carnicería mediante el argumento emponzoñado de la búsqueda de dignidad.  Los “buenos”, los revolucionarios, saqueaban, mataban, violaban a discreción bajo lemas y motivos que no eran más que promesas irrealizables por hombres comunes.  Tanta furia contra los que más detentaban y ostentaban.  Tanta sed de fustigar y castigar a quienes antes así lo hacían contra uno.  Y después sólo confusión.  Traición.  Me impresiona cómo de los cuadros y pinturas de la guerra de independencia se puee observar que los campesinos vestían las mismas ropas que seguían vistiendo 100 años después.  Ésas están en fotos.  Se puede observar que nada cambió para ellos en un siglo.  Quizás cuatro.  Observen ahora y díganme si otros 100 años después, en el ahora, las condiciones son o no son parecidas.  Las diferencias de clases, de élites, de posesión, de categoría.  Falta de dignidad.  Por eso, a los jóvenes poco les importa matar con tal de estar por encima de los estándares.  Por eso siguen robando, matando, violando.  Son los revolucionarios de hoy, los confundidos, a quienes se les está tomando el pelo con promesas incumplibles.  ¿Quién es quién en esta guerra?  ¿Quién se sabe bueno?  ¿Quién es realmente inocente?

Proteger la vida.  Destruir y olvidar aquello que atenta en su contra.  Juzgar.  Ser quien decide.  Matar.  En pro de la subsistencia propia.  En pos de la gente que amas.

Ayer maté en mis sueños.  “Teñí de color sangre” mis manos y mis dedos.  Mis uñas estaban anegadas de coágulos terrosos.  Pero no podía sentir remordimiento real, pues maté por salvar, maté por vivir.

Mis ojos lloraban de miedo, pero mi corazón corría por entre veredas infinitas a velocidades incontenibles.  Sin fricción.  Seguro.  Siempre convencido de que, cuando matar es necesario por ser la única opción, nada me despertará del sueño, pues habré evolucionado.


A veces, mientras estoy sentado en el inodoro escribiendo o leyendo -definitivamente cagando- se me viene a la mente la nítida imagen de una cucaracha debajo del asiento que, habiendo esperado inconcientemente su momento, corre sin pensar hacia el hoyo de mi ano y se escabulle a empujones y empellones hasta dentro de mi recto.  Es una fotografía tan clara que, en ocasiones, me sorprendo a mí mismo levantando el asiento para cerciorarme de que no haya ningún invitado escurridizo sobre la vidriada cerámica del excusado.  Podría dar detalles de cómo mi visualización del suceso pasa generalmente  desde la perspectiva del cochino insecto, pero la verdad es que esto es todo lo que quería decir.  No hay más.  No hay fondo.  No hay mensaje.  Sólo el momento incómodo que nunca es completamente resuelto.

Qué más apropiado para esta página que el muchacho éste hablando como si nada de cuando descubrió un incendio ¿DESDE DÓNDE CREEN?